¿Por qué es mala la liga?Fuga de talentos, miedo a perder y una sentencia nefasta
Texto Cristian Grosso 17 de julio de 2025 ¿Por qué no es atractiva la liga de los campeones del mundo? ¿No encierra una contradicción lucir la tercera estrella en la camiseta albiceleste y sufrir un torneo local que apenas puede refugiarse en su intensidad? “Acá cualquiera le puede ganar a cualquiera”, se enarbola como un rasgo prestigioso, y precisamente es el resumen del deslucimiento. Una pelea en el barro puede resultar equilibrada, pero difícilmente será cautivante. La selección argentina transita una dimensión paralela, ajena a la liga local. Surgieron acá, pero se desarrollaron allá. Julián Álvarez, Enzo Fernández, Mac Allister, Lisandro Martínez… Solo hay que escucharlos cuando explican los cambios que debieron asumir para evolucionar y ser animadores de la elite. El fútbol argentino es una cantera inagotable… y defectuosa. El ensamble final de su cadena de producción termina en el exterior. Y esta es solo una de las razones que explican la devaluación de nuestros certámenes. Si el tiempo neto de juego apenas rasguña la mitad del tiempo reglamentario. Si el número de futbolistas que abandonó la Argentina se incrementó en un 28% entre 2020 y 2025. Si más de 400 jugadores formados en el país fortalecieron las cinco ligas top de Europa en las dos últimas décadas. Si la mayoría de las economías de los clubes patean sus ruinas, las deslealtades en las canchas están al servicio del sálvese quién pueda, los múltiples formatos de campeonatos desconciertan y los arbitrajes levantan sospechas. Si en 2024 pasaron por Primera División 95 técnicos, y en 2023 fueron 91, y en 2022 el año se devoró a otros 90 y en 2021 se cayeron 86… Así es intolerable. El campeonato argentino espeja desde conductas refractarias hasta urgencias de aprendizaje. Un juego generalmente fatigoso, plano de creatividad, cubierto de interrupciones y asfixiado por absurdos organizativos. LA NACION abre una serie de tres notas que recorrerán diversos aspectos, pedagógicos, estructurales y económicos, que impactan en el juego. Tiempo efectivo de juego Cantidad de minutos promedio Conviene empezar por la pieza esencial: el desarrollo del futbolista está en jaque. La formación se completa en Primera División o directamente después de una transferencia al exterior, y la ausencia de las generaciones intermedias, las que alcanzan la plenitud, entre los 25 y los 30 años (Mac Allister, Cuti Romero o Lautaro Martínez, solo como ejemplos) se maquilla con arrojo y pasión. El fútbol argentino no ofrece una línea de ensamble donde se respete cada paso, no, acá el proceso es más salvaje y cruel. “Creo que en la Argentina tenemos los mejores campeonatos del mundo de divisiones inferiores –avisa Hugo Tocalli, maestro en la materia, ante LA NACION-. ¿En qué sentido lo digo? Con respecto a la exigencia que tienen los jugadores en su proceso formativo; los chicos juegan 30 partidos difíciles por año y eso les da un crecimiento muy importante. Ahora, las necesidades económicas de los clubes, con sus ventas al exterior, derivan en los apuros. Se venden jugadores de 16, de 17 años, que todavía no se han formado, y eso no es bueno para su desarrollo. Debe haber un tiempo, y nos apresuramos. Ahora, no puedo dejar de ver las necesidades de los clubes, que ponen jóvenes en primera división que después se venden. Este es un problema muy grande. En general los jugadores jóvenes son buenos, porque si los seguimos, vemos que se repite un ciclo: debutan en primera, se van y llegan a niveles muy buenos en Europa. ¿Qué sería ideal? Demorar su debut en primera y tenerlos más tiempo con nosotros”, redondea Tocalli el escenario. El patrimonio identitario de la liga local es el orgullo, el deseo, el amor por los colores, el instinto amateur. Y es cierto, por eso en la Copa Argentina un equipo del torneo Federal puede dar la sorpresa en un partido. Pero eso no constituye un fútbol atractivo; sí, a lo sumo, se trata de propuestas combativas y utilitarias para revestirse de competitivas. Son las emociones al rescate. Una fuerza gregaria al servicio de reducir la brecha de jerarquías puertas adentro, por eso tienen derecho a soñar Platense, Central Córdoba, Talleres, Patronato, Colón, Tigre…Todos ellos han ganado algo en los últimos años. Casi fogonazos históricos porque para algunos ha sido su primera estrella en historias centenarias. Diego Latorre introduce su mirada en la charla con LA NACION: “El fútbol argentino está sobrevalorado por nosotros. Acá se menciona como una virtud la intensidad, y generalmente es choque, es fricción, es no saber leer la jugada… Acá Verón y Riquelme jugaron casi caminando, y todavía hoy algunos jugadores lo hacen. Queremos hablar de la competitividad del fútbol argentino para darnos importancia, para jactarnos… somos así. Nos emociona darnos importancia. Y se sobrevaloran cualidades que son defectos. El fútbol argentino no es un lugar plácido, no es un lugar agradable…”. El exceso de faltas y las constantes protestas contra el árbitro atentan contra el desarrollo del juego Saltar la frontera y dar el paso internacional desnuda fragilidades. En los últimos 20 años, la Copa Libertadores la conquistaron River (2015 y 2018), San Lorenzo (2014), Estudiantes (2009) y Boca (2007)… y otras 13 veces los brasileños, con un título para Atlético Nacional de Medellín y otro para Liga de Quito. Y el reciente Mundial de Clubes fue una buena fotografía de dónde se posiciona la liga argentina en el concierto global. Si se reduce la mirada se acentúa la tendencia: los últimos seis títulos se los repartieron los brasileños. Boca fue el único intruso argentino en esas finales. Fuga de talento Acerca de la fuga de talento que debilita la competencia interna, según el informe anual que genera el equipo de AXEM (@FutbolistasAXEM en X), hasta el 30 de junio de 2025 había 6475 jugadores argentinos desempeñándose fuera del país en categorías mayores, y otros 1527 en divisiones inferiores. Y el repaso por las entregas anuales evidencia una diáspora en alza. En otro informe del Observatorio Internacional del fútbol (CIES), que alcanza 135 ligas, el número de jugadores que abandonó la Argentina se incrementó en un 28% entre 2020 y 2025. A todos los puntos cardinales; los países limítrofes, por ejemplo, son una mejor opción: Chile fue el destino más elegido por nuestros jugadores, ya que 384 apuntaron hacia allí en las últimas cinco temporadas, seguido por Perú, con 205. La jerarquía de los futbolistas que emigran no está especificada, pero un dato vale para entender cuánto talento de primera división se escapa año tras año: en otro estudio de CIES se señala que 419 jugadores formados en clubes argentinos actuaron en las cinco grandes ligas (Alemania, Inglaterra, Francia, España e Italia), en los últimos 20 años. Pensemos rápidamente, sin necesidad de revolver hojas en sepia del archivo, en nombres propios. De River se marcharon Exequiel Palacios, Enzo Fernández, Julián Álvarez, Lucas Beltrán, el Diablito Etcheverri y acaba de irse Franco Mastantuono. Y de Boca se despidieron Valentín Barco, Aaron Anselmino, Cristian Medina, Ezequiel Fernández, Luca Langoni y Alan Varela, entre otros. ¿Y de Vélez? En la última década, sólo en diez años, partieron alrededor de 20 juveniles, desde Maxi Romero, Matías Vargas y Nicolás Domínguez, pasando por Thiago Almada, Maxi Perrone y Francisco Ortega, hasta Gianluca Prestianni, Santiago Castro, Álvaro Montoro… y tal vez, pronto, Valentín Gómez y Maher Carrizo. Fernando Rapallini, en su nuevo cargo como Gerente Técnico Arbitral de la AFA, al referirse a los obstáculos del fútbol argentino para implementar herramientas tecnológicas más avanzadas, abrió otra particularidad que derrama en las canchas: “Somos una de las mejores ligas del mundo –defendió-, pero tenemos nuestras limitaciones también, y dentro de esas limitaciones están nuestros estadios, nuestra tecnología, nuestras formas…”, afirmó. Y aparece una sentencia callejera que intenta justificarlo todo: ‘se juega como se vive’. Las fricciones, las exageraciones, los reclamos, las demoras y las deslealtades al servicio de la causa. ¿Cuál? Ganar a cualquier precio, y si toca perder, no perder por ingenuo. Bajo un marco de tensión y crispación es casi imposible desarrollar ideas, apostar por el crecimiento de un proyecto y creer en las correcciones como estaciones de la evolución. Esto necesita paciencia, y acá no hay tiempo. Todo es líquido, todo se descarta. Fueron 95 los entrenadores que pasaron por Primera División a lo largo de 2024, un récord de inestabilidad que se supera año tras año. Calidad del juego Cifras promedio El miedo a perder también alienta el tembladeral. Jugar con temor impone un espíritu de supervivencia en cada jugada, entonces cada pelota parece la última. Ese abismo deriva en interrupciones continuas, tanto que la cadena de pases se volvió una rareza en nuestras canchas. Y despreciar la pelota como kilómetro 0 para la organización es toda una declaración de principios futbolísticos. Gabriel Milito, hoy DT de las Chivas de Guadalajara, se lo graficó a LA NACION: “Propongo un ejercicio que hice con mi hijo: estábamos viendo un partido de la Argentina que iba 0-0, chato, malo, y le dije: “¿sabés por qué no pasan cosas en el partido? Porque no están juntando pases. Vos contá en voz alta cuánto pases hace este equipo, y yo el otro”. Y no llegaron nunca a cinco pases seguidos, ninguno de los dos, durante todo el primer tiempo. Después, uno hizo un gol tras juntar 12 pases y terminó ganando 1-0”. Pero también… datos duros, no opinión: el torneo argentino figura entre las ligas con peor tiempo neto de juego en el mundo. Según un informe encargado a OPTA, el promedio de tiempo neto que se jugó en el último año y medio en la Primera de la Argentina fue de apenas 50m05s, dejando al torneo criollo por debajo de Brasil, Italia, España, Alemania, entre otros. Encabeza el top la Major League Soccer (MLS) con un promedio de 58m10s de juego pleno por partido, ocho minutos más que aquí. En el segundo lugar aparece la Ligue 1 francesa, con 57m21s, y completa el podio la dinámica Premier League, con 56m59s. Además, según un trabajo del Observatorio de Fútbol del CIES, los indicadores de la Argentina la ubican, en este rubro de tiempo neto jugado, entre los certámenes de tercer y hasta cuarto orden en el planeta, como el torneo de los Emiratos Árabes Unidos. Y otro informe que puso a la liga local bajo la lupa lo difundió en abril de 2024 Football Observatory, que ubicó a la Argentina en el puesto 27 de 30 entre las ligas más rápidas de todo el mundo, superando solamente a la Serie B de Italia y a México. Un testimonio de un ritmo monótono, previsible. Intenso, sí, siempre es vehemente y apasionado el juego en nuestro país, pero ni veloz ni ingenioso. Federico Beligoy, Director de Arbitraje de la AFA, sumó su mirada. Con aroma a resignación: “Obviamente nos gustaría que el juego sea más fluido, pero este es nuestro fútbol. Es el fútbol que tenemos, el fútbol que se presenta y que lo juegan de esa forma. No pasa solamente por un árbitro que se juegue menos tiempo, es el tipo de juego que se da en nuestro país”. El actual campeonato se inauguró con un partido de escaso interés -Aldosivi contra Central Córdoba-, lo que atenta contra el espectáculo, lo mismo que la desprolija aplicación del VAR Sebastián Beccacece, que hace algunas semanas logró la clasificación de Ecuador al Mundial 2026, asigna responsabilidades en este escenario: “Los dirigentes deben sostener un estilo aún en la adversidad. ¿Qué hace falta? Un entrenador que tenga claro qué es lo que quiere para convencer a sus futbolistas, y un club convencido de ese entrenador para sostenerlo. Si un club top, como el Manchester City, que invirtió mucho y esta temporada no ganó nada, sostiene en la dificultad, ¿por qué no ir por ahí? Necesitamos más coherencia en las conducciones, de los dirigentes y de los entrenadores. Si todo está revuelto y confuso, ¿cómo hace el futbolista para expresar su potencial?”, se pregunta ante la consulta de LA NACION. Diagnóstico Beccacece profundiza su diagnóstico: “Lo vimos en el Mundial de Clubes: la competitividad, la pasión, la entrega, los duelos… ahí somos muy buenos, pero afuera, en Europa, se manejan principios de un juego más integral, total, de conectar líneas, de mantener más la organización, bloques a distintas alturas, pero respetando más las estructuras y la cultura… ¿A qué me refiero? A que corriendo y metiendo quizás no te alcanza. El fútbol local debe retomar la iniciativa, ser más protagonista, y no tiene que ver con el romanticismo ni ser lírico, yo no digo de jugar lindo, sino jugar bien”. Como en un diálogo imaginario, se pliega Milito: “Se juega con mucha intensidad y con mucho miedo a perder. Con vergüenza por perder. Hay equipos y jugadores como para jugar mejor si el contexto ayudara, pero hay una presión muy muy grande. Ahora, miremos algo: tomemos los últimos diez años y veremos que los equipos que perdieron la categoría fueron los equipos que pensaron más en el arco propio que en el ajeno. Entonces, extremar los recaudos no garantiza nada…” La organización, los formatos, los premios y los contratos de TV también impactan en el juego. Y con diferentes matices, lo boicotean. Son razones del derrumbe que serán abordadas en dos próximos artículos que completarán la serie. Pero vaya como gráfico adelanto: el Frankenstein de 30 equipos que anima la Primera División es una embaucadora red de telarañas. Y para no profundizar –solo por ahora–, esta cuenta retrata un reflejo de la mediocridad: con 25 jugadores de promedio por plantel, la máxima categoría cuenta con un estimado de 750 futbolistas. Descontando todos los ‘exportados’, ¿alguien puede sostener que todos ellos pertenecen a la elite? Con un torneo convencional, de 18/22 equipos, un tercio serían piezas del ascenso. Regresa Milito: “Todo tendría que estar claro desde el minuto 1 para evitar las suspicacias. Cuántos ascensos, cuántos descensos... se puede ser más claro, hay muchas cosas para mejorar. Somos el fútbol campeón del mundo, somos una vidriera impresionante… Se quitó el público visitante para evitar los incidentes y tenemos incidentes igual. Hay muchos puntos para corregir. Tenemos que hacer las cosas bien para darle un salto de calidad al producto ‘fútbol argentino’. El fútbol argentino debería dar un paso adelante y estar a la altura de una selección campeona del mundo”, reclama, casi como una refundación. Todo está encadenado. Por un torneo decrépito como producto, la TV no paga bien en comparación con el gigante vecino, Brasil (para River y Boca no representa más que el 5 o 6% de su facturación mensual). Y por cierto, el negocio está estancado hace varias temporadas: el pack fútbol no puede superar los 2,1 millones de abonados. Un círculo menesteroso, atravesado por la política interna de la AFA que impide el desarrollo. En los próximos artículos de LA NACION se revelarán detalles, cifras, comparaciones y testimonios. De descalificaciones, trampas, urgencias, contradicciones, miedos, intereses, deudas e impaciencia se nutre este artículo. Datos, testimonios, ejemplos y comparaciones. Todo se derrama en las canchas, entonces es imposible –o excepcional– esperar un resultado atractivo, elegante, amable. Y solo se trata del primer paso en la biopsia de un cuerpo en descomposición. |